Tu último besosofocó el grito
y destruyó mi alma
Suavemente
sin ruido
sin miedo
sin escándalo
Como corresponde
a cualquier herida
Como corresponde
a cualquier herida
que presuma de mortal




...un café puede ser mucho más que un café, y asusta aceptarlo. Entonces das vueltas, te retuerces y te niegas. Siempre hay ocupaciones múltiples. Es que el tiempo es tan escaso... Y yo te entiendo, me pasa lo mismo. De vez en cuando, alcanzo a juntar el coraje apenas suficiente como para colocar las dos cucharaditas de azúcar. Luego, el impulso cede y sé que es mejor dejar que el café se enfríe. Esperar otro día, cuando la emoción no sea tan fuerte y la farsa parezca más creíble. 

Otra vez la espuma, que se desliza suave por mis piernas. Mi piel toda se prepara para verte. El ritual me hace feliz en una especie de adelanto fantástico que te trae a mis brazos antes de tiempo.
Te pareces a ése. Sí, a ése que crees completamente distinto a ti. Al que, incluso, de a ratos te fastidia. Al del caminar rápido y seguro y al otro, de pasos difíciles e indecisos. Al que habla todo el tiempo y al callado. Al de la pinta extravagante, al que viste con corbata y a ese otro que no tiene qué ponerse. Si dejas de mirar la superficie, seguro le encuentras algo que comparten. Te apuesto que todos al fin, tienen algo parecido a ti. Aunque más no sea la mera estupidez de creerse originales. 




Desearía que hubieran podido verla: estaba hermosa, perfecta. Cuando me dí vuelta para acomodar mi cuerpo la descubrí prendida del cielo, tan libre que se podía dar el lujo de desafiar la gravedad. Su forma, indefinida al principio, no tardó en revelarse clara: un elefante o una elefanta, me disculpan pero comprenderán que a tal distancia, tratar de darle a ustedes ciertas precisiones no sería más que especular. Quiero sincerarme y reconocer que verla y querer hacerla mía fue un solo pensamiento. Difícil llegar a ella, pero valía la pena intentarlo. 


Algo inusual sucede en la casa. Generalmente paseo disimuladamente por tu lado mientras te vigilo concentrado en esa pantalla brillante que odio porque te aleja temporalmente de mí. Hoy no. Desde temprano has estado muy activo, corrías tras una lagartija con algo entre tus manos. No me preocupo por ella, sé bien que eres incapaz de hacerle daño. Pero, curioso como soy, no pude evitar seguirte mientras saltabas emocionado, como un niño, redescubriendo el mundo con ese ojo que te regalaron y que te permitía acercamientos casi mágicos. Disfrutas perpetuando detalles que, tan de cerca, asombran y asustan. Por eso, a veces, conviene mantener prudentes distancias. No me mires así, cualquiera sabe que tienes más de loco que de prudente. Espero paciente, sabes que me gustan las fotos y que aprecies mis pelos sobre el sofá. Me acerco y te reclamo una caricia, un clic y luego otro y otro y te ríes. Tu vanidad acaba de decidir que “Tríptico del sueño” es un buen título para la secuencia. Te equivocas si crees que poso para ti. Estoy cansado y sólo quiero dormir. Espero que lo hayas entendido: eres un simple espectador, aquí el que manda soy yo.
Luces que se apagan. Fuego y esperma, enfrentando huracanes, luchan sin esperanza contra la adversidad. Un chiporroteo de bengala acompaña la muerte del último resto de valentía. La batalla parece perdida, pero el humo se eleva con la tenacidad de un muerto que desafía su destino. 


