...los que están enamorados,los que viven enamorados,
los que sueñan con enamorarse...
Pero muy especialmente:
Para los que tienen las agallas que se necesitan para aceptar que están enamorados:
¡¡¡Feliz Día!!!
Sí, sí, ya sé y no me lo repitan: es un día comercial. Pero me asombra que, incluso nosotras -las mujeres- que ganamos con la existencia de estos días repitamos el disco. Paso a expresar mis argumentos: qué tiene de malo una pequeña excusa que justifique que nuestros hombres (extrañas criaturas que a veces olvidan hasta nuestros cumpleaños) lleguen con un besito y un chocolate, o una flor...o siquiera un minúsculo saludito y un "te quiero" que sabe Dios cuánto les cuesta pronunciar cuando es cierto (y que tan fácilmente dicen cuando no lo es y de embaucar se trata).
Comparto con ustedes dos fragmentos de "La risa del muerto" de Gustavo Arango Toro (Colombia, 1964). 

La mirada recorrió tu cuerpo como una pincelada de fuego. Bajaste los ojos, sonreíste y te tropezaste con un saludo torpe que te dio el tiempo necesario para recuperar el aliento. La ayuda con el bolso y el abrigo, repetida miles de veces en miles de personas se inauguró en ti. La noche ocultó sus estrellas tras un manto de nubes que más tarde se decidió por ser lluvia. Lo predecible, el roce casual y el escalofrío. En un segundo comprendiste que la muerte y la vida se resumen en el instante del primer beso. Su gesto te interrogó silencioso y prudente. Abriste los labios, aceptaste su aire y desapareció el mundo. Un sabor a tabaco te inundó el alma. 
Trataré de disimular lo mejor posible, la gente no creería las cosas imposibles que puedo hacer. Me resulta irónico pensar que se asustan de las películas de terror, donde la sangre ni siquiera hace el esfuerzo de disimular su procedencia vegetal. Creen, de manera espontánea y desprevenida, que hay tipejos que sobrevuelan edificios, que les salen colmillos, que adivinan el futuro. Pero serían implacables conmigo. No me perdonarían si les dijera que ayer fui brisa. Que me volví intangible y me colé entre tus secretos. Que mis manos de aire se extendieron por tu pecho hasta abrazarte. Acaso no te diste cuenta? Me miran con miedo, y eso que aún no les he contado. El único que no se asusta sos vos, porque a veces también te disfrazás, como ahora, cuando nadie creería que me sonreís desde el telón de fondo de mis ojos cerrados. Vos sí me entendés. Cuando tus manos me tocan, les crecen raíces que se hunden en mí buscando quien sabe qué paraíso húmedo.
Fragmento de Volver a los diecisiete, porque enamorarse es eso: Volver a los 17.
Volver a los diecisiete después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente,
volver a ser de repente tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo en este instante fecundo.
Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra,
y va brotando, brotando, como el musguito en la piedra.
(1964-1965)
Encontrá el video en: http://www.youtube.com/watch?v=uXruq6cDyQY
Obligas a muchos a cambiar de parecer respecto de tí, por eso están furiosos contigo. Te acercaste a ellos y sin embargo pasaste de largo; esto no te lo perdonan.
Debía desde hace rato un merecido homenaje a las escaleras. Porque siempre han sido mis cómplices para sentirme más cerca del cielo o del infierno. 