lunes, 15 de septiembre de 2008

Memorias


Se mira al espejo mientras se empolva la cara. Dibuja con el labial una sonrisa. Un par de preguntas en sus ojos. Un domingo de compañías lejanas. De abanicos extendidos atrapando luces.

La película se estira desde el televisor a la cama. Respuestas tácitas que atrapan. “¿No se da cuenta? Cada cosa que he hecho, cada paso que he dado ha sido para acercarme más a usted”. Dulce olor a recuerdos. Fotos. Arena en los ojos. No es llanto, es que me estoy riendo. “La felicidad no es algo que merezcamos. Cuando la vida va bien es un regalo inesperado. No puede durar siempre”. Qué hacer para perpetuar el último abrazo. Cómo estar segura de que fue cierto. Tan perfecto que es fácil resignarse al lugar que decidieron las estrellas. “Para un hombre una geisha sólo puede ser media esposa. Somos esposas del anochecer”. Somos la dicha escogida. La opcional. La que se disfruta porque no estará cuando vuelva a salir el sol. Y mi alegría. Mis ganas de ser tu risa. Más que un cuerpo. “La geisha no vende su cuerpo. Vende su arte. Gana al hombre sentada, más que acostada”. Complacerte es fácil. Eso dices. Escuchar, reir, jugar. Trascender. Seguirte para arrinconarme en tu costado cuando la soledad te alcance. Invéntame cuando quieras volver. Cuando quieras. Déjame dormir en tu memoria. Así la vida empieza a tener algún sentido. Cuando se logran descubrir las pistas ocultas, sabes para dónde iba la historia. Agradece haberlas encontrado. Fúndete en las memorias de una geisha.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué haré para dar con esa geisha?

Jorge dijo...

Hoy tengo frio, un frio que es como un escalofrio que viene desde muy dentro. En dias asi, leo blogs tratando de encontrar alguna sorpresa...hoy la sorpresa se llama Alicia.

Alicia dijo...

Jorge, también mi día de hoy fue frío. Espero que sigas visitándome.